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...Futilidad Infinita Practicada con la Más Extraordinaria Vehemencia
Si el superlativo paupérrimo no existiera, se hubiera inventado para describir la calidad del periodismo potosino. Queda uno materialmente anonadado al leer notas que—periodísticamente—enrojecerían de vergüenza al analfabeta más ignorante, excepto claro, si es un analfabeta funcional que trabaja como reportero o editor de un diario potosino. Lo que está fuera de mi comprensión es el grado de tolerancia a este vacío intelectual que, hasta ahora, han demostrado poseer los lectores de los diarios potosinos, sin exigir calidad en el producto que consumen. Pero menos aún comprendo la aceptación que, con su silencio, dan a estos verdaderos pasquines los intelectuales potosinos. ¿Será que sus mentes han sido afectadas por la lectura del bodrio publicado en los diarios? No entiendo cómo es posible que instituciones culturales, como la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) y el Colegio de San Luis, archiven estos ejemplos de ignorancia periodística y distorsión de la historia contemporánea, los utilicen como referencia y hasta los digitalicen. No entiendo. Ya fuera hora que hubiesen formado una comisión intercultural, o un consejo consultivo, para reunirse con los dueños de medios y exigirles un producto de calidad, de verdadero periodismo. Y con la ayuda, asistencia y materiales de las mismas instituciones llevar a cabo talleres de periodismo con el fin de darle oportunidad a los reporteros y personal de los diarios de obtener un diploma de conocimientos periodísticos.
Pero que la instrucción corra por cuenta de personal calificado, pues hay cuando menos un maestro de periodismo y varios egresados de la carrera de ciencias de la comunicación en San Luis Potosí que, como reporteros y editores, cotidianamente nos endilgan esa clase de bazofia que hay que eliminar de los diarios. Le pregunto directamente al rector de la UASLP, licenciado Mario García Valdez, ¿Cómo es posible que una persona tan ignorante en periodismo, como lo ha demostrado ser la LCC Adriana del Socorro Ochoa, sea MAESTRA de periodismo en esa centenaria y distinguida universidad? ¿Qué les está enseñando Adriana a sus desafortunados alumnos? ¿Es justo que ellos reciban la enseñaza equivocada y lleguen a ser iguales o peores periodistas que los actuales ineptos subordinados de Adriana en el diario Pulso y Adriana misma? Como ejemplo de ineptitud periodística, de la reportera al escribirla y de Adriana Ochoa al aceptar su publicación, está la simplona, tediosa por repetitiva, intrascendente y mal redactada nota titulada “Festejan en templos el Día de la Candelaria” (Pulso, 3 de febrero, 2010), escrita por Enriqueta Martínez, de cuyas sandeces repito las siguientes: “Decenas de fieles llevaron a bendecir “niños dioses” y velas a los templos en el Día de la Candelaria, mientras que en numerosas oficinas y domicilios particulares consumieron tamales y atole [...] hubo niños de diversos tamaños y formas. Algunos pequeños de ocho o diez centímetros y otros hasta de 30 centímetros. A todos los llevaban con ropa, porque ya los habían “levantado” del nacimiento donde estuvieron acostados desde el pasado 25 de diciembre [...] El Día de la Candelaria también fue celebrado con reuniones familiares o festejos en oficinas y grupos, para compartir tamales y atole”. ¿Es eso periodismo? Si yo escribiera vulgaridades como las he visto publicadas en los diarios potosinos respondería la pregunta, con todas sus letras, diciendo que son “tontejadas”. Los reporteros y editores potosinos carecen de los conocimientos periodísticos necesarios para escribir una nota correctamente. La carencia de una educación académica la suplen con palabras que, según la tradición, los convierte en "periodistas". Así, a una casa le llaman inmueble, al hospital nosocomio, los bomberos son tragahumo o apagafuego, los padres son progenitores, un incendio es conflagración o siniestro. Los accidentes invariablemente son aparatosos, los incendios son voraces, y los malos padres o madres son desnaturalizados. La lluvia es el líquido elemento, la cruz roja es la benemérita institución, leemos que hay desalmados sujetos, los maestros son mentores, las escuelas son centros educativos pero la UASLP es la máxima casa de estudios o centro del saber, algo nuevo es flamante, los carros accidentados son en lo general raudos vehículos, el Teatro de la Paz es el coloso de Villerías. Y para que seguir. ¿Qué tiene de malo toda esa palabrería? Simplemente que en el periodismo verdadero hay que evitar los clichés. Para los reporteros potosinos hacer una nota es repetir la primera versión que recogieron de los hechos. Para ellos es innecesario comprobar la veracidad de estos o considerar las declaraciones contrarias o el punto de vista opuesto; es decir ignoran olímpicamente lo esencial de una nota periodística: la comprobación de los hechos (exactitud) y el balance (imparcialidad). Para desgracia del lector, quien es quien al final resulta afectado, los editores de los diarios potosinos dejan pasar esta clase de impropiedades, es decir, que al permitir la negligente publicación de tan deficiente información, demuestran el mismo grado de desconocimientos —o más, considerando sus supuestas obligaciones— del reportero o reportera. En suma, en el periodismo potosino se ignora la función periodística de informar.
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